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ANDRÉS GARRIDO


Uno de los momentos en que Bobby McFerrin pulsó al público de San Javier (foto: Goio Villanueva)
Uno de los momentos en que Bobby McFerrin pulsó al público de San Javier (foto: Goio Villanueva)
 

XVII FESTIVAL DE JAZZ DE SAN JAVIER

Bobby McFerrin hizo feliz al auditorio de San Javier 

El norteamericano ofreció un concierto original y muy curioso, arropado por una magnifica banda y basado en su más reciente disco 

McFerrin al piano y su director musical Gil Goldstein con el acordeón (foto: Goio Villanueva)
McFerrin al piano y su director musical Gil Goldstein con el acordeón (foto: Goio Villanueva)
 

En la crónica previa al inicio de este XVII Jazz San Javier les indicaba que estos comienzos iban a ser como “los tres días del Cóndor”. Y no nos han defraudado. La apertura no pudo ser más grandiosa en todos los sentidos, con el espectáculo de George Benson y la grata sorpresa de Andreas Varady. Continuamos con un auténtico “dinosaurio” del piano y ritmo, como es Michel Camilo. Y en este tercer día de festival se cerró el ciclo con un veterano Bobby McFerrin que, lejos de acomodarse, da libertad a su imaginación y crea, incluso, en piezas conocidas como “Joshua”.  

También ha traído McFerrin una magnífica banda (en los últimos tiempos se había alejado de este tipo de formaciones), compuesta por su hija Madison McFerrin, cantante; Gil Goldstein, el director, teclista y acordeonista; David Mansfield, guitarras, mandolina y violín; Armand Hirsch, guitarras; Louis Cato, batería, percusión, cantante y guitarra; y el contrabajista Jeff Carney. Con estos seis músicos, Bobby McFerrin dejó un concierto de alta calidad musical, en el que su grupo demostró estar muy bien ensamblado, con un sonido más que cuidado y sin estridencias molestas, amén de esa creatividad a la que hacía referencia.  

La actuación estuvo basada en su último disco, “Spirityouall”, en el que en efecto lleva a cabo una auténtica recreación de algunos de los grandes temas de los espirituales negros norteamericanos. Un desfile que comenzó con “Everytime”. La banda comenzó a sonar, uno a uno, hasta que hizo su aparición en escena Bobby McFerrin saludando al público, sentándose en una silla preparada al efecto y destapando una taza que había en una mesita contigua. Un gesto –el de destapar la taza– que valdría para describir lo que el cantante neoyorkino hizo en Jazz San Javier: destapar el tarro de sus grandes esencias creativas, para deleitarnos a todos. 

La cantante Madison McFerrin (foto: Goio Villanueva)
La cantante Madison McFerrin (foto: Goio Villanueva)

Las diferentes demostraciones que realizó sobre el escenario del Parque Almansa corroboraban que McFerrin es la mejor voz masculina “a capella”. Es su mejor y más cuidado instrumento, a pesar de que domina el piano, clarinete y bajo, sin olvidar que es director de orquesta. Así que haciendo aquello que mejor sabe atacó “Joshua”, en una versión muy original (como todas las que nos dejó en San Javier), para continuar con “Woe” o “Gracious”, en un continuo recital de originalidad, buenos sonidos y una cierta espiritualidad hacia lo positivo, que iba calando en todos y cada uno de los que atendíamos con absoluta concentración para no perder detalle.  

Bobby McFerrin sabe cómo atrapar esa atención y lo hace con auténtico magisterio. Sabe medir los tiempos (no sólo interpretativos) de cada auditorio. Por ello, su concierto en Jazz San Javier fue desarrollándose según el público le transmitía, de una selección previa que sumaba hasta 26 canciones. Así que como el del Parque Almansa debía estar dando muy buenas sensaciones (probó en un par de ocasiones si aquello era una casualidad o, por el contrario, respondía a un certero interés), McFerrin y sus músicos continuaron desparramando felicidad con piezas como “Wishful Thinking”, “Jesus Makes It Good” o “Wade”, éste último uno de los espirituales más versionado y que en Jazz San Javier ya hemos disfrutado anteriormente con el pianista Ramsey Lewis

Bobby McFerrin en una de sus clásicas interpretaciones (foto: Goio Villanueva)
Bobby McFerrin en una de sus clásicas interpretaciones
(foto: Goio Villanueva)

En esto llegó uno de los momentos “mágicos” de la noche: la presentación de la banda. Y hasta en eso fue original, porque según iba nombrando cada instrumentista se marcaba un solo. Cuando el turno de su hija Madison aquello fue otra deleitable sorpresa. Versión vocal de “Roda”, uno de los más populares temas de Gilberto Gil, con la voz de Bobby imitando el contrabajo y la deliciosa y dulce interpretación vocal de Madison. Hay que verlo y escucharlo en cuanto tengan ocasión.  

Y después de esa original presentación, más adaptaciones “made in McFerrin” de éxitos de la música popular, como “Whole World”, “Thrill”, “Can’t Find My Way Home” y “25:15”. Todo un torbellino suave pero firme, que de manera inexorable nos atrapaba (y nos dejábamos) sin solución de salvación (¿y quién la quería?). El final con “Rest/Yes Indeed” para rubricar una actuación impecable y, repito, muy original en todos los sentidos. Un bis con “Peace” fue el regalo del músico a un auditorio conectado a su música y espíritu.  

Noche, pues, de despreocupaciones, ausente de malos augurios, que supieron quitar de en medio el norteamericano Bobby McFerrin y su grupo repartiendo, con clara notoriedad y como a él le gusta señalar, mucha, pero que mucha felicidad. La próxima cita será el viernes 11, con el regreso del pianista catalán Lluis Coloma y su Septeto, y una segunda parte a cargo de otro grande del blues: Lucky Peterson. Noche dedicada a ese género, con dos visiones diferentes pero no distantes. Se lo contaremos en OPINAR. 8 julio 2014  

La banda de McFerrin al completo (foto: Goio Villanueva)
La banda de McFerrin al completo (foto: Goio Villanueva) 

 


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