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ANDRÉS GARRIDO


Lou Donaldson es una leyenda viva del jazz (foto: Goio Villanueva)
Lou Donaldson es una leyenda viva del jazz
(foto: Goio Villanueva)
 

XVI FESTIVAL DE JAZZ DE SAN JAVIER

Noche de leyendas en la clausura de San Javier

El saxofonista Lou Donaldson ofreció una muestra del jazz más genuino, y el espíritu de Bebo Valdés invadió el auditorio a través del cuarteto que lidera su nieto Chuchito

Chuchito Valdés dirigiendo al auditorio (foto: Goio Villanueva)
Chuchito Valdés dirigiendo al auditorio (foto: Goio Villanueva)

Los aficionados que año tras año acuden al Festival de Jazz de San Javier se mostraban un tanto entristecidos, porque la edición XVI se acababa. Es lo que se podía escuchar en los aledaños del auditorio Parque Almansa, en el restaurante que tiene ese mismo parque o, simplemente, cuando te paseabas por el anfiteatro minutos antes de que diera comienzo el primero de los dos conciertos que conformaron esta jornada de clausura. Pero así son las cosas: todo tiene un comienzo y un final, aunque no nos guste. Y Jazz San Javier 2013 estaba preparado para ello. Dos leyendas del género fueron los protagonistas de la noche. El primero de ellos, uno de los pocos mitos que todavía vive. Se trata del saxofonista Lou Donaldson y su cuarteto, que desde el primer tema levantó las pasiones de un auditorio absolutamente dispuesto a disfrutar de este músico, que cumplirá 87 años el próximo 1 de noviembre del año en curso. La segunda parte de esta clausura estuvo dedicada a otra leyenda (desgraciadamente ya no está entre nosotros) del jazz cubano: el recordado Bebo Valdés, cuyo espíritu y, sobre todo, herencia musical estuvo representada por su nieto Chuchito. Y otra sorpresa de última hora fue la presencia en este auditorio de uno de los mayores productores discográficos del género: Todd Barkan. Definitivamente, Jazz San Javier suena mucho más fuera de nuestras fronteras de lo que los propios murcianos y españoles nos imaginamos.   

Desde hace unas ediciones atrás, se vienen escuchando y leyendo comentarios sobre que el Festival de San Javier perdió su carácter jazzístico, que ya no se puede afirmar que sea un festival dedicado al jazz. Estas afirmaciones se pierden y diluyen cuando los habituales a esta cita veraniega somos testigos de conciertos como los que nos han ofrecido, por ejemplo, China Moses, La Lincoln Jazz Center Orchestra, John Pizarelli, el trío femenino conformado por Grace Kelly, Lynne Arriale y René Marie, u otros como los protagonizados en esta reciente edición por Thierry Lang, Pedro Iturralde, Jon Batiste… En definitiva, uno no acaba de contemplar por dónde se “escapan” los conciertos de jazz en San Javier, como algunos intentan demostrar sin argumentos o con “pobres” demostraciones que, finalmente, se puede comprobar que es como el título de aquella película española que tan magistralmente dirigió y protagonizó, entre otros, el recordado Fernando Fernán Gómez: “El viaje a ninguna parte”. 

El cuarteto de Lou Donaldson (foto: Goio Villanueva)
El cuarteto de Lou Donaldson (foto: Goio Villanueva)

Un concierto más que evidencia lo que arguyo ha sido el de Lou Donaldson y su cuarteto, conformado por el guitarrista Randy Johnston; la organista del Hammond B3, Akiko Tsuruga; y el baterista Fukushi Tainaka. Y no ya porque Donaldson sea una leyenda viva del género –que también–, sino porque cuando todo aficionado que se precie lo escucha en directo no tiene por menos que reconocer que eso que Donaldson y sus músicos dejan sonar en el escenario es la Historia misma de esta música, que tuvo dos trallazos para iniciar su presentación en esta clausura del XVI Jazz San Javier: “Blue Walk” y “Wee”.  

Con estos argumentos, el auditorio no tuvo otra que saltar, literalmente, de sus butacas y aplaudir a rabiar al saxofonista y sus músicos, que nos estaban dando una lección de la que, seguro, jamás nos olvidaremos

La organista Akiko Tsuruga (foto: Goio Villanueva)
La organista Akiko Tsuruga (foto: Goio Villanueva)

Tras presentar a su cuarteto, Lou Donaldson llevó a cabo una entrañable versión del archiconocido “What A Wonderful World”, que acabó cantando su estribillo final. El saxofonista norteamericano posee un estilo propio y depurado por el paso de los años, que ha ido adquiriendo desde los años 50 con Charlie Parker, pasando por otras figuras del género como Thelonious Monk o Milt Jackson hasta llegar a los Jazz Messengers de Art Blakey, con los que participó en la grabación de uno de sus más célebres discos: “Una noche en el Birdland”. En consecuencia, su estilo ha tenido todas esas influencias –o mejor, vivencias– a lo largo de sus casi 60 años de recorrido musical. Desde los años 60, Lou Donaldson ha ido liderando sus formaciones, con las que también ha conformado su discografía personal. Muestras de ello son piezas que dejó en este concierto, como “Whisky Drinkin Woman” y “Alligator Boogaloo”; en la primera, un blues de los que denomino “viciosos” en su tempo rítmico, para hacer que el auditorio le acompañara con sus palmas en la segunda. Un auténtico disfrute al que Donaldson y su cuarteto nos sometió, con una Akiko Tsuruga que exprimía el Hammond B3, con el que disfrutaba al ciento por cien junto al resto de compañeros de escenario.  

Conforme avanzaba su concierto, Lou Donaldson se hacía de querer más. La selección que presentó estuvo muy cuidada y se movía por temas clásicos del amplio repertorio del género, tales como “Softy As In A Morning” y “Over the rainbow”, de la película El Mago de Oz. Con un tema de Ray Noble que entre otros grabó el gran Charlie Parker, titulado “Cherokee”, acabó su concierto el saxofonista Lou Donaldson, que dio toda una lección viva de jazz y de “juventud” mental, a pesar de contar con casi 87 años de edad. El público, puesto en pié, solicitó al menos un bis para poder guardar como un tesoro este concierto en la clausura de Jazz San Javier. Así es que Donaldson y su cuarteto regresaron al escenario, dieron las gracias y anunciaron el viejo “Gravy Train”, con el que definitivamente se despedían del auditorio dejando ese regusto al aficionado que sabe valorar a una auténtica leyenda.  

Chuchito Valdés es pura pasión (foto: Goio Villanueva)
Chuchito Valdés es pura pasión (foto: Goio Villanueva)

El último concierto de esta XVI edición de Jazz San Javier estaba protagonizado por el nieto del inolvidable Bebo Valdés: Chuchito y su cuarteto. En un homenaje del festival al gran pianista cubano desaparecido este mismo año –en el mes de marzo–, y en el que también se ha tenido un recuerdo para Fontella Bass, Dave Brubeck y Alan Rubin. Sin duda, nadie mejor que Chuchito Valdés para rendir este recuerdo a su abuelo, el iniciador de una gran saga de músicos cubanos.   

El concierto fue desarrollándose por diversos caminos de la música cubana, comenzando por el “Tributo a Bebo” con el que ya hizo saltar de sus asientos al auditorio (aquí la música cubana es muy querida, sobre todo si viene de los Valdés) y arrancó los primeros aplausos y gritos de ánimo hacia el cuarteto, en el que se integraba el gran contrabajista español Javier Colina; Georvis Picó, en la batería; y el percusionista Yuvisney Aguilar. Un cuarteto que sonaba a gloria, con la precisión de un reloj suizo de primerísima calidad. Y lo demostraron en piezas como “Bossa Para Ti” y “Danzó la niña”, con las que el tercero de los Valdés colocó a sus pies a todo un auditorio que no paraba de moverse en sus localidades.  

Después llegaría el “Homenaje a Duke Ellington”, con uno de sus inmortales temas: “Take the A train”. Y tras esta incursión en el más ortodoxo jazz, vuelta a sus orígenes con “Guajira blanca” y “Montuno Lecuona”, que terminó por desatar los demonios que el auditorio tenía presos. Chuchito estaba exultante y pletórico. Se dirigía a los presentes como desafiante, para preguntar cómo se encontraban. Pues se encontraban en la gloria, disfrutando con estas músicas que tienen en los ritmos afrocubanos un colérico y atractivo danzón, con el que el público de San Javier –ya lo recordé al comienzo de esta crónica– disfruta sin límites y hace suyo desde el primer momento.  

Chuchito anunció a una invitada de la noche: la cantaora onubense Sandra Carrasco. Su presencia en el escenario del Parque Almansa ya desplegaba embrujo y pasión, como demostró durante las seis piezas que fue desgranando junto a este cuarteto de grandes músicos. Comenzó con un tango, “Por una cabeza”, para continuar versionando una pieza del recordado Beny Moré titulada “Cómo fue”, utilizada también en la banda sonora de Los Reyes del Mambo. Sandra dio las gracias por poder pisar ese escenario y con esos músicos, trasladando al público sus sensaciones del momento

Chuchito Valdés y su Cuarteto con Sandra Carrasco (foto: Goio Villanueva)
Chuchito Valdés y su Cuarteto con Sandra Carrasco (foto: Goio Villanueva)

Unas sensaciones que fue expresando a través de las canciones que conforman su reciente disco, con piezas como “Cualquiera” (éxito y homenaje a La Lupe), “Sabor a mí” o una inmortal de don Antonio Machín: “Madrecita”. Viejas canciones que recobran vida en la voz de Sandra Carrasco, con los arreglos novedosos de Chuchito Valdés y sus músicos. Y dos últimas antes de despedirse: “Quizás, quizás, quizás” y uno de los boleros más escuchados de todos los tiempos, como es “Envidia”. El auditorio, puesto en pie, saludaba y vitoreaba al ahora quinteto, y en especial a Sandra Carrasco, la cantaora de Huelva que tiene nuevo disco en el mercado con estas canciones de amor.  

Pero la fiesta aún estaba lejos de acabar. Ante el insistente reclamo del público, Chuchito y su gente regresaron al escenario. Gritó aquello de “¡Agua!” y, claro, el personal respondió al unísono. Chuchito jugueteaba con el público: “¿Nos vamos?”, “¡Nooo!”, coreaba el auditorio. “Una cortica, cortica”. Y el público respondía: “Mañana es domingo y es temprano aún, queremos más”, cuando en realidad ya rozábamos las 2 de la madrugada y desde las 21:30 horas el auditorio Parque Almansa se encontraba repleto de espectadores.   

Bueno. A Chuchito y su cuarteto le iba la marcha y la propuesta. Así es que con Sandra Carrasco atacaron una versión del tema compuesto por Chico Buarque “Oh qué será”, para continuar sólo el cuarteto interpretando “El manisero” y un danzón cubano que data de los años 40 del pasado siglo: “Almendra”. Con él se acababa, definitivamente, el concierto de dos horas que Chuchito Valdés y su cuarteto –con la invitación de la cantaora onubense Sandra Carrasco– nos dejaba en esta clausura del XVI Jazz Festival, en un homenaje de éste a su abuelo Bebo Valdés.  

El contrabajista español Javier Colina (foto: Goio Villanueva)
El contrabajista español Javier Colina
(foto: Goio Villanueva)

En resumen, una noche para las leyendas y homenajes. Primero, con una viviente como es el saxofonista norteamericano Lou Donaldson Quartet, acompañado en esta ocasión por el productor discográfico Todd Barkan, que regaló un señor concierto del más genuino jazz con el que los aficionados tuvieron una hora y media de magníficas sensaciones y recuerdos de otros tiempos. Después, homenaje a otra leyenda del jazz latino que nos dejó en marzo pasado: el gran pianista Bebo Valdés, cuyo espíritu flotó por todo el auditorio del Parque Almansa a través de la música que interpretó el cuarteto que lidera su nieto Chuchito.   

Una XVI edición que ha sabido mantener la calidad de este festival nacido en 1998 y que, con el paso del tiempo, supo crecer hasta ser considerado como uno de los más importantes de Europa y al que músicos de todo el mundo desean llegar a tocar. En la hora del balance, Alberto Nieto, su director, destacó que debido a la retroactividad existente las ventas se han reducido algo, como les ha ocurrido a casi todos los festivales. Pero sin embargo, San Javier ha logrado en esta edición incrementar sus ingresos en 10.000 euros más que el pasado año, debido a que las grandes taquillas –como es el caso de la Lincoln Center Jazz Orchestra o The Blues Brothers, por citar dos ejemplos señeros– se han administrado totalmente por el consistorio de San Javier. Debido a unas adaptaciones que se han tenido que acometer por imperativo legal, el auditorio ha visto reducido su aforo sensiblemente. Ello ha provocado que se hayan perdido una cantidad de abonos y, en consecuencia, por ahí también ha llegado el descenso en las ventas, que finalmente se ha sabido compensar en lo económico. Nieto ya ha declarado públicamente que su intención –si el apoyo de la Corporación municipal continúa y el presupuesto lo permite– es devolver a Jazz San Javier al lugar que ocupaba hasta el comienzo de la actual crisis económica, iniciada en 2008. Seguro que con trabajo y esfuerzo se logrará. Ya ha sido una victoria mantener a los aficionados y mantener este festival en pie, con una absoluta dignidad. Otros han caído en la batalla y hoy son un recuerdo. Jazz San Javier es una realidad viva y en constante evolución.  

Gracias a todos nuestros lectores, en nombre del grandísimo fotógrafo Goio Villanueva y de los compañeros que conforman la dirección y redacción de este portal para lo información y opinión, por la fidelidad que nos vienen mostrando en estos últimos años siguiendo nuestras crónicas. No duden de que, al igual que el festival, OPINAR continuará acudiendo a la cita para contarles los pormenores de todos sus conciertos. Feliz verano a todos. 28 julio 2013  

Sandra Carrasco con el cuarteto de Chuchito Valdés (foto: Goio Villanueva)
Sandra Carrasco con el cuarteto de Chuchito Valdés (foto: Goio Villanueva)

 


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