Portada Opin@r
   

Portada Opin@r

Cultura, Ciencia y Sociedad
Reportajes y Entrevistas
Deportes
Denuncia

 


CRISTINA BELDA


¿Qué es la Bolsa y cómo afecta a los ciudadanos?

“La bolsa sube”. “Caída del Ibex”. “Desplome”. “Recuperación"… Son términos que abren portadas e informativos, que ocupan dobles páginas en los diarios. Nos sentimos familiarizados con ellos, en especial en tiempos de crisis. Muchos de los lectores quizá tengan interés en el tema, otros pueden haber invertido en alguna ocasión parte de sus ahorros… Algunos se sentirán atraídos por la omnipresencia del mercado bursátil en la cultura capitalista, o incluso habrá quienes en su día quedaron marcados por un ambicioso Michael Douglas sin escrúpulos en “Wall Street”. 

Sin embargo, iconos aparte, una gran proporción de la sociedad se siente ajena al mercado de valores. Se desconoce su verdadero significado, y sobre todo de qué manera afectan las fluctuaciones de la Bolsa a la vida cotidiana de los ciudadanos de a pie. Hemos de romper el mito acerca de que la Bolsa sólo importa a los brokers encorbatados que corren de un lado a otro al borde del infarto, a las multinacionales o a los grandes inversores que cotizan con desmesuradas fortunas. La realidad, en un entorno cada vez más globalizado, es que los cambios bursátiles se introducen en la vida cotidiana de todos y cada uno de nosotros. Afectan al precio de la gasolina, a nuestros salarios, a los productos de consumo básico, a nuestro tiempo de ocio y, por supuesto, al crédito que pagamos por nuestra vivienda.  

Dada coyuntura económica que atravesamos, la necesidad de conocer los entresijos de la Bolsa se hace aún más importante, al tratarse de un indicador de la situación monetaria actual. Es cierto que nadie es capaz de prever las tendencias de mercado, ni siquiera los expertos en las finanzas. Parafraseando a Warren Buffet, considerado uno de los mayores inversionistas del mundo, “no intente predecir la dirección del mercado de valores, de la economía, de los tipos de interés o de las elecciones”. No por ello hemos de pensar que la Bolsa es un juego de azar, sino que se mueve por muchos condicionantes, que deben analizarse para conseguir la máxima rentabilidad.  

El objetivo de este artículo no es convertir al lector en un ferviente inversor de la noche a la mañana (quizá este sea un primer paso), sino más bien acercarle a una realidad que está presente en su día a día.  

DESCONFIANZA EN LOS MERCADOS 

Con este propósito, sería interesante obtener unos conocimientos básicos acerca del tema. En primer lugar, ¿Qué es la Bolsa y cómo funciona? La Bolsa es el escenario en el que se realiza la compraventa de valores, en base a unos precios conocidos y en tiempo real. Se trata de una institución independiente, que cumple la función de nexo entre empresas e inversores. Nos referimos a un entorno seguro para la actividad de los inversionistas, donde el mecanismo de las transacciones está internamente regulado, de manera que garantiza las condiciones necesarias de legalidad y seguridad. 

Para cotizar sus valores en Bolsa, las empresas primero deben hacer públicos sus estados financieros, puesto que a través de ellos se pueden determinar los indicadores que permiten saber la situación económica de las compañías. Una vez hecho esto, las empresas están en condiciones de entregar parte de su capital accionario a cambio de dinero, que será destinado para distintos fines dentro de la compañía, ya sea nuevos emprendimientos, financiación, cancelación de deuda, expansión, modernización, etc.  

Veamos un sencillo caso práctico: supongamos que usted es dueño de una empresa e invierte 30.000 euros para crear y poner en funcionamiento la misma. Bien, una vez creada, necesita 6.000 euros para un nuevo proyecto, pero ya no tiene capital. Su siguiente paso para conseguir dicho importe sería ofrecer el 30 por ciento de su empresa a cambio del dinero. Por ejemplo, podría salir a ofrecer mediante el régimen de oferta pública 6.000 acciones de su empresa, por valor de un euro cada una. Así, usted consigue el dinero para invertir y los inversores adquieren acciones de su empresa, porque creen en su éxito. 

Si vamos a verlo desde el otro lado, observamos que el inversor, en lugar de dinero, ahora tiene acciones. ¿Por qué decidiría alguien cambiar dinero por acciones? Es simple: quien optó por este cambio evaluó las posibilidades que existen con respecto a dicha empresa y dedujo que ganaría mercado frente a sus competidores, con lo cual aumentarían sus ventas, generaría más ganancia y por ende la empresa podría valer a fin de año 36.000 euros. 

De acuerdo con este razonamiento, y de cumplirse la percepción del inversor, unos meses después de haber invertido su dinero en acciones que costaban 1euro, el valor de esas mismas acciones seria de 1,20 euros por unidad. Obtendría así una ganancia del 20 por ciento por haber predicho esa posibilidad de crecimiento.  

Todos los días, en nuestro mercado bursátil, millones de acciones cambian de dueño y esto se debe a la evaluación que los inversores hacen de cada empresa. Mientras que para algunos es momento de dejar de participar de cierto proyecto, para otros comienza a ser rentable. Esto permite el libre juego de oferta y demanda de acciones, y es lo que básicamente hace funcionar el mercado.  

Con este ejemplo hemos sintetizado y simplificado la actividad bursátil. En ella influyen factores mucho más complejos, pero en esencia se trata de una transacción, de una compraventa de valores.  

Sin embargo, lo que se puede comprar y vender en una bolsa de valores va mucho más allá de las acciones de empresa. Según la Real Academia Española, los “valores” son “títulos representativos o anotaciones en cuenta de participación en sociedades, de cantidades prestadas, de mercaderías, de depósitos y de fondos monetarios, futuros, opciones, etc., que son objeto de operaciones mercantiles”. Es decir, el concepto de “valores” incluye numerosos activos financieros, como acciones, obligaciones, bonos, certificados de inversión y demás títulos inscritos en Bolsa.  

Ante la pregunta de qué agentes influyen y actúan en la Bolsa, hemos de saber que cualquier ciudadano con ahorros puede invertir en ella, contratando los servicios de un broker o a través de un portal de internet que se dedique a esta actividad. Los corredores de bolsa realizan operaciones especulativas a corto plazo, con la intención de obtener beneficios como resultado de los altibajos de los precios de las acciones, que fluctúan según la oferta y la demanda.  

Las bolsas están sujetas al vaivén de los ciclos económicos y están influenciadas por desencadenantes psicológicos: en ocasiones, un falso rumor puede provocar la caída de una acción. En última instancia, los precios de los títulos pueden depender de las opiniones y predicciones de los analistas. En tiempos de incertidumbre, como ahora, los mercados de valores de las economías más pequeñas observan con atención lo que pasa en las bolsas de referencia, como la de Nueva York. El pesimismo en Wall Street se puede “contagiar” al resto de las bolsas del mundo. La Bolsa de Nueva York (New York Stock Exchange, NYSE) es el mayor mercado de valores del mundo en volumen monetario y el primero en número de empresas adscritas. 

Los índices bursátiles mundiales son inestables y muy cambiantes. Sin embargo, en muchas ocasiones reaccionan ante los vaivenes económicos y políticos y, sobre todo, se anticipan a los hechos futuros. Un ejemplo de ello es el desplome de la Bolsa días antes de la quiebra de Grecia, adelantándose a la debacle del país heleno, con lo que los bancos comenzaron a calcular (en billones de euros) las pérdidas que el impago provocaría en sus cuentas. 

Es destacable que en épocas de crisis las subidas o bajadas son más bruscas que en tiempos de estabilidad económica. Se impone la especulación. Las bolsas actúan básicamente por efectos psicológicos de pánico o euforia. Podría decirse que en momentos como el actual el precio de las acciones se aleja de su valor real. Por tanto, a veces los mercados de valores no se relacionan con la realidad y no reaccionan con racionalidad, o con arreglo a la teorías neoliberal o neoclásica. Es fundamental que los países y distintos organismos supranacionales (Unión Europea, Banco Central Europeo…) tengan en cuenta los cambios a largo plazo, y no dejarse guiar por bruscas subidas o bajadas momentáneas.  

Las alteraciones de la bolsa son indicadores de cambios en los distintos ámbitos de la economía. Al final, todo está interrelacionado. La crisis financiera y bancaria provocan la huida de inversores extranjeros (actualmente, la salida de estos inversores ha dejado una deuda de 121.000 millones de euros en España y en Italia), alentados por la aversión al riesgo y la desconfianza.  

Serán las agencias de rating las que se encargan de calificar unos determinados productos financieros o activos, ya sean de empresas, estados o gobiernos regionales. Sus notas o calificaciones valoran el riesgo de impago y el deterioro de la solvencia del emisor. Normalmente cuando una entidad (gobierno, empresa, banco...) quiere emitir deuda o solicitar financiación, encarga a una agencia que la evalúe. Esta evaluación sirve a los inversores y prestatarios de orientación para marcar el tipo de interés al que concederían la financiación. El estado del mercado de valores es clave para la calificación de este tipo de agencias, que dividen a los países en dos grandes grupos: inversores y especuladores.  

Una caída de los mercados y una subida de la prima de riesgo (pérdida de solvencia) conllevan una serie de consecuencias en cuanto a los tipos de interés, el gasto público… En definitiva, afectan al desarrollo económico del país, y por tanto al ámbito político y social. El verdadero perjudicado de esta situación es el ciudadano de a pie. 

Otras víctimas de la actual crisis son los fondos de pensiones. La razón es que estas empresas invierten fuertemente en las bolsas para ampliar su capital. Y si a los mercados bursátiles les va mal por un periodo prolongado, ese capital se puede reducir, lo que repercute en los bolsillos de los futuros jubilados. La falta de liquidez en un entorno cada día más incierto está relegando los fondos de pensiones de las preferencias de los inversores. Según los datos manejados por VDOS Stochastics, entidad de difusión de información financiera especializada en fondos de inversión, planes de pensiones y sicav, las aportaciones realizadas por los españoles a planes de pensiones cayeron en 215 millones de euros en 2010.  

EL PETRÓLEO 

Los aumentos fuertes de los precios petrolíferos producen, a corto plazo y simultáneamente, una reducción del PIB real y un aumento de la tasa de inflación en los países que son importadores netos. Basándonos en un informe de Guillermo de la Dehesa, presidente del Centre for Economic Policy Research (CEPR), nos referiremos a estos efectos como de “primera ronda”. Suelen dar lugar a situaciones de “estancamiento con inflación”. De ahí que no sean fáciles de manejar, a corto plazo, por la política económica. A medio y largo plazo, su “segunda ronda” de efectos afecta tanto a la oferta, es decir a toda la producción industrial y de servicios y a su estructura, como a la demanda de consumo por la caída del poder adquisitivo de los consumidores y, automáticamente, también a la de inversión.  

La fuerte subida de los precios relativos del petróleo en 1973 y en 1979 tuvo importantes efectos sobre la estructura industrial, ya que sus altos niveles se mantuvieron durante casi dos décadas. Las industrias más intensivas en el consumo de energía dejaron de ser competitivas, produciendo fuertes recesiones industriales y regionales, así como bolsas de elevado desempleo en varios segmentos de la fuerza laboral.  

Los efectos de la subida del barril tienen diferentes magnitudes según el grado de vulnerabilidad y dependencia de los países importadores. Esta vulnerabilidad se puede medir a través de la pérdida del poder adquisitivo y de renta de sus consumidores que se produce por el aumento de la tasa de inflación en el país en cuestión. Cuanto mayor es el porcentaje del consumo energético en el total de su PIB, mayor es su impacto sobre los precios al por mayor y al consumo y, consecuentemente, mayor es la pérdida de renta de las empresas y de los consumidores. El mayor o menor aumento de la inflación, a medio plazo, dependerá de cómo reaccione, aumentando los tipos de interés o no, el banco central de cada país o región, pero dichos aumentos podrán tener también un coste para la actividad a corto plazo.  

Los países con mayor consumo y mayores importaciones netas, y por tanto con mayor fragilidad, son los países mediterráneos, como Italia, España, Portugal y Grecia, que son además los que han hecho un menor esfuerzo de ahorro energético.  

Un dato de interés para los para los lectores interesados en invertir o simplemente para los curiosos: el mercado en alza cuando sube el petróleo es el oro. El metal amarillo ha vuelto a ejercer de valor refugio ante momentos de inestabilidad social y política como el actual, y por tanto se constituye en una de las opciones favoritas para sortear la crisis a través de un aumento en la rentabilidad. Es frecuente que en los períodos de incertidumbre los grandes inversores reconduzcan sus capitales desde los mercados de renta fija y variable hacia el del oro. 

LA ESPECULACIÓN COMO DETONANTE DE LA CRISIS 

Hasta aquí algunas de las repercusiones clásicas de los mercados financieros en la economía. La historia nos ha demostrado en numerosas ocasiones la interdependencia de las economías nacionales con los mercados bursátiles. En la actualidad, esta relación es aún más estrecha. Por medio de la globalización y la liberalización financiera internacional, los distintos shocks internacionales que han sufrido los diferentes países tienen su causa en la desordenada especulación en los mercados financieros.  

Precisamente, el detonante de la crisis económica a la que nos enfrentamos tuvo mucho que ver con la especulación irresponsable y salvaje. ¿Les suenan las hipotecas subprime? Lo explicaremos de manera resumida. Las hipotecas de alto riesgo, o créditos subprime, eran un tipo especial de hipoteca, preferentemente utilizado para la adquisición de vivienda, orientada a clientes con escasa solvencia, y por tanto con un nivel de riesgo de impago superior a la media del resto de créditos. Su tipo de interés era más elevado que en los préstamos personales (si bien los primeros años tienen un tipo de interés promocional), y las comisiones bancarias resultaban más gravosas. Los bancos norteamericanos tenían un límite a la concesión de este tipo de préstamos, impuesto por la Reserva Federal. Dado que la deuda puede ser objeto de venta y transacción económica mediante compra de bonos o titularizaciones de crédito, las hipotecas subprime podían ser retiradas del activo del balance de la entidad concesionaria, siendo transferidas a fondos de inversión o planes de pensiones.  

El problema surge cuando el inversor (que puede ser una entidad financiera, un banco o un particular) desconoce el verdadero riesgo asumido. En una economía global, en la que los capitales financieros circulan a gran velocidad, cambian de manos con frecuencia y que ofrece productos financieros altamente sofisticados y automatizados, no todos los inversores conocen la naturaleza última de la operación contratada. La crisis hipotecaria de 2007 se desató en el momento en que los inversores percibieron señales de alarma. La elevación progresiva de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal, así como el incremento natural de las cuotas de esta clase de créditos, hicieron aumentar la tasa de morosidad y el nivel de ejecuciones (lo que incorrectamente se conoce como embargo), y no sólo en las hipotecas de alto riesgo. 

La evidencia de que importantes entidades bancarias y grandes fondos de inversión tenían comprometidos sus activos en hipotecas de alto riesgo provocó una repentina contracción del crédito y una enorme volatilidad de los valores bursátiles, generándose una espiral de desconfianza y pánico inversionista, y una repentina caída de las bolsas de valores de todo el mundo, debida especialmente a la falta de liquidez.  

El origen de la crisis se encuentra en una incorrecta valoración de riesgos, intencionada o no, que habría sido amplificada por la automatización del mercado de valores, la desinformación de los inversores particulares y la liquidez sin precedentes del período 2001-2007. 

LOS ALIMENTOS 

Ha quedado evidenciado que la Bolsa está presente en el escenario mundial, tanto económico, como político y social. Su magnitud es inmensa, y nos abarca a todos, pero ¿hasta qué punto? Tal y como se ha publicado recientemente en el diario El País, la sequía en los mercados financieros ha volcado a ciertos inversores en las materias primas. ¿Qué quiere decir esto? Pues que los precios de los alimentos se deciden en las bolsas, de la misma forma que el petróleo o las hipotecas subprime. No hay diferencia. En sus manos está el destino de millones de personas.  

Lo cierto es que en el mundo financiero nunca se ha producido tal volumen de inversión en las materias primas agrícolas. Sólo en el último trimestre de 2010 se triplicó la inversión en comparación con los tres meses previos. El mercado posee una gran liquidez desde que los Estados trataron de sofocar la crisis financiera con enormes programas anticíclicos y paquetes de ayuda. 

La subida de los precios de los alimentos adquiere cifras históricas. Según el Índice de Precios de los Alimentos de la FAO, el coste de los productos alimenticios experimentó un alza del 39 por ciento en el curso de un año. Los precios de los cereales subieron un 71 por ciento, al igual que los de los aceites y grasas destinados a la alimentación. La harina de maíz se ha encarecido en un cien por cien en los últimos cinco meses. La consecuencia es que, según datos del Banco Mundial, 44 millones de personas han caído bajo el umbral de la pobreza. 

DE QUÉ MANERA NOS AFECTAN LAS ALTERACIONES DE LOS MERCADOS

En primer lugar, provoca alteraciones en el empleo. Las empresas pierden valor, y por tanto dinero. En un entorno de incertidumbre optan por un menor dinamismo, lo que dificulta la reincorporación de los ciudadanos en paro al mercado laboral. La volatilidad económica puede afectar los niveles de contratación de las empresas, las cuales también se pueden ver forzadas a despedir personal. Una realidad cada día más preocupante, teniendo en cuenta que en España, a cierre de 2011, se calculó la cifra de 5.273.600 personas desempleadas. 

Pero aún hay más. Los expertos afirman que España creará empleo de forma regular cuando crezca alrededor de un 2 por ciento. Unas cifras que están muy lejos del momento actual, ya que en 2011 el PIB no avanzó más de un 0,8 ciento.  

En casos de desempleo alto, el nivel de los salarios disminuye. España posee uno de los salarios mínimos más bajos de Europa, 641 euros. Mientras, en Bélgica el salario mínimo se sitúa en torno a 1.500 euros, cifra similar a Holanda, 1.400 euros. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el coste del nivel de vida es más elevado en estos países que se no han visto azotados de forma tan agresiva por la crisis. 

La caída del consumo es otra de las consecuencias. La pérdida de riqueza que ha generado el desplome de los activos financieros repercute en el consumo de las familias. Sin ir más lejos, el gasto de las familias españolas ha descendido un 12,2 por ciento desde 2007 (descontada la inflación). 

Asimismo, puede tener efectos en la valoración de los activos de una familia. Por ejemplo, si los precios de las viviendas caen, el valor de los ahorros de las familias también lo hacen. 

Por último, está la ya famosa prima de riesgo de España, que mide el diferencial entre el bono español a diez años y el alemán del mismo plazo. Lo cierto es que ha superado todas las barreras tolerables, llegando a sobrepasar los 600 puntos básicos por primera vez en la historia. El riesgo país español permanece, impulsado por las dudas sobre la capacidad de España para cumplir sus objetivos de saneamiento económico, y es evidente que esto tiene consecuencias directas y tangibles en la economía del país, y por ende de sus ciudadanos. 23 agosto 2012   

 


OPI

Portada  Información General y Opinión  Cultura, Ciencia y Sociedad
Reportajes y Entrevistas  Deportes  Denuncia


© OPIN@R.
© Cada uno de los autores de los artículos o fotografías.

Las personas interesadas en publicar sus colaboraciones en OPIN@R o ponerse en contacto con la Redacción,
tienen a su disposición la siguiente dirección de correo electrónico:
Teclee esta dirección en su programa de correo electrónico