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JOAQUÍN RODRÍGUEZ MORENO


Una semana de emergencia económica española en manos de Europa

Mario Draghi: “El BCE hará todo lo que haga falta para salvar el euro; y, créanme, será suficiente”

El próximo jueves se reúne el BCE, una cita que puede marcar un punto de inflexión en la crisis del euro que padece España junto a sus socios europeos. Mario Draghi ya ha dicho que hará todo lo que esté en su mano para salvaguardar la moneda única, y que "será suficiente, créanme". Unas palabras interpretadas como inequívoca señal de que el BCE volverá a estabilizar las subastas de deuda públicas europeas. Pero como nadie da duros a peseta, España sigue ajustando su presupuesto, en medio de quiebras autonómicas, conflictos políticos e indignación ciudadana. 

“Pedimos un esfuerzo a los ciudadanos, apelando a su patriotismo”, decía Soraya Sáenz de Santamaría en una de las constantes y temibles ruedas de prensa de cada viernes. La vicepresidenta del Gobierno se envuelve bajo la capa de un discurso churchiliano para hacer frente a una situación de emergencia nacional, en la que los ciudadanos de a pie soportan la peor carga con la subida del IVA, los recortes en el subsidio del paro o la supresión de la paga extra de Navidad a los empleados públicos. 

Desde que comenzara el mandato de Mariano Rajoy al frente del Gobierno, en las ya lejanas fechas del invierno pasado, España ha sufrido grandes recortes o reformas, depende del prisma con que se mire. Una terapia de choque que viene impuesta por nuestros acreedores –y, sin embargo, socios– de la Unión Europea. España perdió parte importante de su soberanía en el momento en que las cuentas públicas dejaron de cuadrar. 

La refinanciación de la deuda absorbe una importante cantidad de lo recaudado anualmente por la Administración Pública, y ha pasado a ser el principal quebradero de cabeza del Gobierno. Los valores de la bolsa patria están subidos en una montaña rusa que carece de cinturón de seguridad y que sobrevuela los 6.000 puntos; el bono de deuda pública española a dos años ha llegado a un interés similar al de hace 10 años, es decir un 7 por ciento; y el diferencial de deuda pública con el bono alemán a 10 años, es decir la terrible prima de riesgo, ha llegado a marcar récord en 648 puntos básicos. 

En este momento de incertidumbre, y parafraseando a Ortega, la solución pasa por Europa. La Unión Europea ha mostrado la tensión de sus costuras y no ha sabido hacer frente común contra el hostigamiento de los mercados a algunos de sus miembros. En vez de cerrar filas, cada país europeo, en un “sálvese quien pueda”, va a por la que cree su mejor opción, desconociendo que los lazos socio-económicos en el Viejo Continente hacen inviable la idea de ir por libre; es decir, si Europa quiere pintar algo en un mundo de grandes potencias emergentes, debe hacerlo unida. 

En esta partida decisiva llevamos mucho tiempo, y aún no hemos encontrado una solución viable. Los reproches a la inacción del Banco Central Europeo (BCE) frente al acoso a la deuda de España e Italia tuvo su contestación el pasado jueves 26 de julio. Mario Draghi, presidente del organismo con sede en Frankfurt, hablaba en Londres sobre el papel que tiene el BCE para evitar la ruptura del euro: “haré lo que tenga que hacer y, créanme, será suficiente”. La palabra de Draghi por el momento hizo subir la bolsa española un 5 por ciento y relajó la prima de riesgo desde los alarmantes 638 puntos hasta los 534 puntos de diferencial. 

Este próximo jueves toca reunión del BCE, y será una cita muy importante por las expectativas que generaron las palabras de Draghi. La institución europea abordará las medidas a tomar para relajar las tensiones de deuda en los países periféricos de la eurozona. El resultado de la próxima cita podría llegar a ser un punto de inflexión en la crisis europea, si tiene buena acogida entre los inversores. 

El abanico de opciones que tiene el BCE incluye comprar deuda pública para estabilizar los intereses a pagar, recortar los tipos de interés para que el dinero fluya o una nueva megasubasta de liquidez para que los bancos tuvieran financiación ilimitada. Podría también penalizar la liquidez ociosa de algunas entidades, para obligarles a reactivar el mercado interbancario, para que adquieran activos o para que presten dinero a familias y empresas.  

LA SEMANA QUE VIVIMOS PELIGROSAMENTE 

Cuenta José Antonio Fernández Hódar, en su Manual para el buen bolsista, que lo que sucede en la bolsa no tarda en reflejarse en la economía real: la bolsa como indicador temprano de la evolución económica. Quizá porque los españoles nos hemos puesto al día con conceptos como la capitalización bursátil, los puntos básicos y la prima de riesgo, la pasada semana más de uno de nosotros pensó que el rescate a nuestro país era ya inevitable. 

El rally bursátil que padecieron los valores españoles, desde el viernes 20 al 27 de julio, era malísima señal sobre nuestro futuro más inmediato. El viernes 20 de julio el pánico se apoderó de los inversores, que desconfían de que España logre remontar la crisis que padece. En esa jornada la prima de riesgo batía récord al superar los 600 puntos básicos, y cerraba la sesión en 609,96; y el Ibex 35 se desplomaba un 5,85 por ciento, la mayor caída desde mayo de 2010, cuando se discutía sobre el primer rescate a Grecia.  

A la incertidumbre sobre España del viernes 20 se añadían más dudas el sábado, con la entrevista a Mario Draghi en el diario francés Le Monde, periódico en el que explicaba que la función del BCE no era “resolver los problemas financieros de los estados”. El presidente del BCE obtenía su réplica del popular Esteban González Pons: “si el BCE quiere, esto [la crisis de deuda soberana] se acaba el lunes, y si no se acaba el lunes, es porque alguien no quiere”. Por si fuera poco, Valencia y Murcia pedían ayuda al fondo de liquidez durante el fin de semana, al no poder cumplir sus compromisos. Un mensaje que minaba aún más la confianza en España de los inversores y vaticinaba un inicio de semana bursátil complicado. 

El lunes 23 de julio la bolsa española abría una nueva jornada con el eco de las palabras del italiano. A media sesión la prima de riesgo alcanzaba los 630 puntos, y la caída del Ibex 35 era de un 5,46 por ciento, situándose en 5.905 puntos, por debajo de la cota psicológica de los 6.000. Todo parecía torcerse, pero la bolsa comenzó a remontar gracias a que la CNMV, siguiendo el ejemplo italiano, prohibió las posiciones a corto entre los inversores para los próximos tres meses. Una medida que hizo cerrar al selectivo con una leve caída, del 1,1 por ciento, en los 6.177,4 puntos. Sin embargo, el riesgo país se mantuvo en cifras alarmantes y cerró sesión en 632.

Después de un día como el del lunes, el martes no podía ser menos alarmante. El Ibex continuó con la mala tendencia de los últimos días y cayó un 3,58 por ciento, recortando hasta los 5.956,5 puntos. Entre las razones de esta caída, el anuncio de que Cataluña necesitaba acudir al fondo de liquidez, convirtiéndose en la tercera autonomía que pedía el rescate a sus cuentas autonómicas, tras Valencia y Murcia. Además, el Tesoro español colocó 3.048 millones de euros en letras a tres y seis meses a un interés del 2,434 y del 3,691 por ciento, respectivamente, una rentabilidad muy alta para este tipo de emisiones. 

Esa tendencia negativa cambió para bien el miércoles, cuando la prima bajó un 4,24 por ciento hasta los 611 puntos, y el Ibex 35 recuperó el entorno de los 6.000 puntos gracias a las palabras del consejero austríaco del BCE, Ewald Nowotny. El también gobernador del Banco de Austria planteó la posibilidad de dotar al fondo de rescate europeo, MEDE, de capacidad para comprar bonos o prestar directamente a los países del euro. La situación parecía mejorar cuando César Alierta, presidente de Telefónica, anunciaba por la tarde la supresión del dividendo de la multinacional de telecomunicaciones para este año, decisión que se esperaba sería penalizada por los inversores al día siguiente. 

Pese a las pesimistas previsiones para el jueves, las palabras de Mario Draghi en Londres cambiaron por completo la mala tendencia de la bolsa, ascendiendo el Ibex hasta los 6.368 puntos, un alza del 6,06 por ciento, la mayor subida del selectivo desde mayo de 2010, fecha de los primeros recortes anticrisis de Rodríguez Zapatero. Además, las declaraciones del italiano lograron relajar de forma considerable la prima de riesgo hasta los 561 puntos. 

Para poner el broche a la semana, el Ibex 35 subió un 3,91 por ciento hasta cerrar con 6.617 puntos. Por otra parte, el indicador del riesgo país subió un 2,21 por ciento, hasta los 574 puntos, un aviso para navegantes de que la euforia del jueves y el viernes en el parqué podría ser momentánea, procurando esperar a los acontecimientos que se deriven de la próxima reunión del BCE. Esperemos, por nuestro bien, no repetir esa semana en que vivimos peligrosamente.  

DOS AGUJEROS MÁS EN EL CINTURÓN 

El camino para no repetir una caída libre de nuestra bolsa y estabilizar nuestra prima de riesgo es largo, tortuoso, y sin duda nada llevadero. El coche lo conduce Mariano Rajoy y el GPS marca Europa. Y es que las medidas que Mariano Rajoy anunció a mediados de julio vienen dictadas desde las instituciones comunitarias, y más concretamente por la mandamás europea, Ángela Merkel. Sus recetas obligan al ciudadano español a realizar un par de agujeros más en un cinturón ya de por sí apretado. 

Mariano Rajoy subió a la tribuna y comenzó a desgranar ante el Parlamento el nuevo paquete de medidas, el más duro de los que se conocen en Democracia. Subida del IVA en todos sus tramos, rebaja de la prestación por desempleo, suspensión de la paga extra de Navidad a los empleados públicos; 65.000 millones de euros de ahorro para los dos próximos años. El gallego, con gesto resignado, afirmó: “Sé que las medidas que les he anunciado no son agradables, pero son absolutamente imprescindibles”. El remite de la carta reza Bruselas. 

Los mercados y la calle no han acogido de buena gana la nueva terapia de choque. Las medidas no gustan entre los inversores al contemplarse que habrá una mayor contracción del consumo con la subida del IVA, y se ahondará más aún en la situación recesiva. Del otro lado, las manifestaciones se suceden en la capital del Reino. Funcionarios, comerciantes, ciudadanos protestan por las medidas, un descontento que han sabido capitalizar Izquierda Unida y UPyD, dos formaciones que crecen en las estimaciones de voto hasta alcanzar un 11,7 y un 7,8 por ciento, respectivamente, según encuestas publicadas el pasado 23 de julio. 

La subida del IVA en todos sus tramos supuso una derrota especial para el Gobierno, ya que el programa electoral del PP en noviembre incluía la promesa de no subir este impuesto indirecto. Finalmente, el ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, ha cedido frente a las exigencias europeas y subirá a partir de septiembre el tributo que grava el consumo. 

El tipo general del IVA pasa del 18 al 21 por ciento y se mantiene el 4 por ciento para el IVA superreducido en productos de primera necesidad. Por otro lado, el tipo reducido pasa del 8 al 10 por ciento, y varios productos y servicios ascienden desde el reducido hasta la base general. Así, del 8 al 21 por ciento pasarán a cotizar productos y servicios como discotecas, espectáculos, peluquerías, servicios de limpieza, cine, servicios funerarios y productos sanitarios como las gafas y las lentillas.  

Otra de las medidas más controvertidas es la reducción de la prestación por desempleo. El Gobierno mantiene los dos años de cobro, pero baja el importe tras el sexto mes, aduciendo que así se incentivará la búsqueda activa de trabajo; la medida y el argumento han indignado a todas las fuerzas políticas, sindicales y sociales, porque no se puede incentivar la búsqueda de lo que no existe. El Servicio Estatal Público de Desempleo modificará el cálculo para la prestación a partir del séptimo mes, cambiando como referencia el 60 por ciento anterior para la base de cotización del último medio año, por el 50 por ciento.  

Por último, cabe destacar las reformas y recortes en la Administración Pública, ya que se adelantó la supresión de la paga extra de Navidad a los empleados públicos, se anunció la reducción del número de días de libre disposición (los denominados moscosos), el ajuste del número de liberados sindicales o la reducción en un 30 por ciento del número de concejales por tramos de población, unos 20.000 ediles de un total de 68.462 existentes en nuestro país. Noventa páginas de medidas, no todas anunciadas, pero sí decididas y escritas, que tuvieron como efecto inmediato la soledad mayoritaria del Partido Popular al votarse su convalidación en el Congreso de los Diputados. 31 julio 2012   

 


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