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ANTONIO VIDAL


VIDAS EJEMPLARES

San Segundo
 

Aunque por su nombre debería haberse presentado en estas páginas antes que San Longinos (San Segundo, ¿comprendéis?), el caso es que es el tercer capítulo y no el segundo de estas vidas ejemplares relacionadas con nuestra profesión el que va dedicado a este santo.

Antes de nada, he de decir que hay una ermita dedicada a este santo en Ávila, en la margen derecha del río Adaja y que merece la pena visitar. Estuvo dedicada antiguamente a Santa Lucía, después a San Sebastián y, por fin a nuestro santo, que se lo merecía, pues fue el primer obispo de esta ciudad en el siglo I y, ahora es su Patrono.

Todos los 2 de mayo se celebra una romería a la ermita, y los romeros piden tres deseos introduciendo un pañuelo blanco en alguno de los huecos de la imagen del santo, que cinceló Juan de Juni en el siglo XV, pero parece ser que el Santo solo concede, cuando lo hace, uno de los tres deseos.

Pero no es de este San Segundo de quien se va a tratar aquí, sino de San Segundo de Alejandría, que vivió en el siglo IV y que, como es italiano, tiene más importancia “internacional”, tal y como pasa con las selecciones de fútbol.

En esta ocasión, en vez de suceder en Roma, nuestra historia sucede en Asti, de donde precisamente procede el magnífico vino Barberino, (denominación de origen Grignolino d`Asti ), en la región de Piamonte. El saber no ocupa lugar.

A lo que íbamos, en esta historia en la desde ya aviso que aparecen gran cantidad de seres extraordinarios, volantes y flotantes, este Segundo antes de santo era un soldado muy valiente a las órdenes del prefecto de Asti, un tal Sapricio del que no consta santidad, afortunadamente, pues no me imagino a un niño actual con ese nombre, aunque los haya peores, desde luego. Pues bien, este prefecto decidió ir a ver a San Marciano, que estaba preso en un pueblo llamado Terdón, para intentar obligarle a lo de siempre, o sea, ofrecer sacrificios a los ídolos, y se hizo acompañar por Segundo como escolta.

A poco de iniciarse el viaje una paloma vino a posarse en la cabeza de nuestro héroe, lo que sorprendió a Sapricio, cosa normal, y exclamó “Segundo, nuestros dioses te quieren tanto que mandan aves del cielo a visitarte”. Yo hubiera añadido una advertencia acerca de la posibilidad de que la paloma tuviese necesidad de evacuar o, incluso de ponerle un huevo en la cabeza, cosa que debe ser dolorosísima aunque se posea gran laxitud tisular o grandes habilidades como contorsionista.

En fin, la paloma se fue y no hubo nada pero, al rato, cruzando un río, Segundo vio a un ángel del Señor caminando sobre las aguas que le dijo: “Segundo, abraza le fe cristiana y caminarás sobre los idólatras igual que yo sobre el agua “. Personalmente, creo que nuestro hombre debería haber comprobado la profundidad del río en ese punto, pero cada uno es como es.

Sapricio dijo, “Segundo parece que los dioses te hablan” y siguieron el camino pero hete aquí que otro ángel se hizo visible al cruzar otro río, también andando sobre las aguas,( en aquellos tiempos, con tal de no lavarse el cuerpo entero, eran capaces de cualquier cosa, parece ser ) y habló así: ”Segundo, ¿tienes dudas o crees en Dios?”, a lo que Segundo, que debía ya estar bastante convencido con tanta paloma y tanto ángel flotante, respondió: “ creo en la verdad de su Pasión”. Naturalmente Sapricio, que no era tonto, pues era prefecto, (casi perfecto), estaba empezando a mosquearse con lo del ave, lo del soliloquio de Segundo……, etc. y le preguntó algo así como “¿Qué passa aquí?”, pero nada más.

Hasta aquí hay cosas raras, pero esta historia nos ofrece cosas mucho más sorprendentes, como veréis a continuación.

A la entrada de Terdón, apareció de repente San Marciano, al que uno de los ángeles de los que había tantos, (no se había inventado todavía Supermán, Spiderman, etc y alguien tenía que dedicarse a encarcelar pillos, volar, etc.) había sacado de la cárcel, y dijo: “Segundo emprende el camino de la verdad para que puedas recibir la gracia de la fe”. Los santos recién escapados de la cárcel dicen a veces tonterías como esa, pero los que van a ser santos después no les van a la zaga, pues Segundo al inquirirle Sapricio sobre lo que estaba pasando, ni corto ni perezoso, respondió: “para ti es como si soñaras, pero para mí es un aviso y una fuente de fortaleza “, y se quedó tan ancho, el tío.

A partir de aquí, Segundo se separó de Sapricio y se dirigió a Milán donde se encontró con Faustino y Jovita, que habían salido de la cárcel con ayuda ¿de quien?, ¡siii!, de otro ángel y con un poco de agua de una lluvia providencial, le bautizaron.

Entonces apareció otra paloma que debía ser de gran tamaño pues traía en el pico, gigantesco supongo, nada menos que el cuerpo y la sangre de Cristo para que Segundo confortara con todo ello a San Marciano que, posiblemente debido a que su ángel tenía Alzheimer, volvía a estar en la cárcel en Terdón. Después otro ángel le ayuda a cruzar el río Po y consigue llevar la comunión a San Marciano, que acto seguido fue decapitado por orden de los malos, enterrando Segundo su cuerpo, posteriormente (por supuesto).

Aparece de nuevo el malo, Sapricio que, con una perspicacia tremenda le dijo: “paréceme que tu eres cristiano” y, naturalmente, quiso que ofreciese sacrificios a los ídolos o sea, lo de siempre, y como se negara, ordenó que le torturaran a fondo, y cuando tenía los miembros descoyuntados, ooootro ángel que anteriormente le había proporcionado un traje mágico protector, que al parecer no le cubría el cuello, le curó, sumiendo en la desesperación a Sapricio, que lo encarceló junto a Calocero, con quien, no se sabe el porqué, se hallaba el mismo Cristo, que le comunicó que le libraría pronto de todo mal, dicho lo cual “se ausentó, subiendo al cielo”. Sapricio, para entonces ya estaba hasta los pelos de Segundo y Calocero, que aparecían y desaparecían de la prisión gracias siempre a más ángeles, por lo que mandó que les echaran por la boca pez y resina fundidos. Hay que imaginarse la escena de los dos mártires en ese momento, muy contentos y diciendo a coro y sin venir a cuento: “¡Que dulces, Señor, resultan tus palabras a nuestros labios!“, y como Sapricio ya no podía aguantar más, mandó a Calocero a no sé donde y que a Segundo lo decapitasen sobre la marcha, que es lo único que siempre resultaba efectivo para librarse de mártires molestos, pero hete aquí que vinieron muuuchos ángeles y entre himnos y cánticos diversos recogieron su cuerpo y también la cabeza del “arsén” y enterraron todo ello, ya dignificado con la santidad gracias a la ingestión masiva de sustancias quizá alucinógenas como la pez y resina fundidos y, sobre todo, a una separación violenta de su cabeza del resto del cuerpo.

Y, colorín colorado, este cuento se ha acabado, salvo una pregunta que me ronda la cabeza: hablando de palomas, ángeles…¿No deberían tener miedo a contagiarse la gripe aviar?.
20 noviembre 2006  

 


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