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Portada Nº Enero 2010
Información General y Opinión
Sección General


JAIME GARCÍA


La eficacia del minilateralismo
 

El desolador paisaje con que la ciudad italiana de L’Aquila recibió en julio de 2009 a los líderes del G-8 se convirtió en el escenario perfecto para certificar la defunción del grupo que incluye a las ocho potencias mundiales. O a las que lo fueron.  

Si algo ha quedado claro en el contexto de la crisis global es que la voz de los países emergentes dejó de sonar como un eco lejano para convertirse en protagonista. Brasil, India y, sobre todo, China reclaman el lugar que ya ocupan en la política mundial. La cumbre del G-20 en Londres, que reunió a los países industrializados miembros del G-20 con las potencias emergentes, propugnó la creación de un nuevo orden financiero global y confirmó al organismo como el nuevo grupo de gobierno mundial. Por delante del inoperante G-8 y, principalmente, de la ONU.  

Eficacia frente a legitimidad. Es obvio que una decisión tomada por la Asamblea General dispone de una legitimidad superior a la acordada entre los miembros de cualquier otra organización. No obstante, las limitaciones relativas al procedimiento y la efectividad remiten al Consejo de Seguridad como el único órgano ejecutivo. Pero el derecho de veto de los cinco miembros permanentes, aunque garante de la imposibilidad de formación de alianzas en la Organización (evitando, en último extremo, el desencadenamiento de una guerra mundial), ha dificultado la toma de decisiones relevantes.  

¿Multilateralismo o minilateralismo? Barack Obama defendió durante su campaña electoral la necesidad de la vuelta al diálogo frente al monólogo practicado por la anterior Administración. El presidente de EEUU se dejó ver en la ONU, las cumbres del G-8 y G-20, así como en la cumbre contra el cambio climático en Copenhague. Obama intuye que la globalización obliga a los países a coordinarse, pero la realidad demuestra que la capacidad de los jefes de Estado para llegar a acuerdos no es la esperada. La eficacia del minilateralismo se impone a la legitimidad del multilateralismo. El G-20, que representa el 85 por ciento del comercio mundial, ha pasado por encima de la ONU, que necesita una urgente revisión, y del G-8, cuyos países miembros ya no son los representantes del nuevo orden mundial que se vislumbra.  

¿Cuánto tiempo logrará el G-20 dominar la toma de decisiones a nivel mundial? El creciente peso de China como actor internacional y la resistencia de EEUU a abandonar la poltrona permiten pensar en la creación de un G-2. Ahora bien, China sabe que aún está lejos de EEUU a pesar de la eficacia de su poder centralizado y de haber salido reforzada de la crisis económica global. Washington, por su parte, no tiene razones para elevar a los chinos a su nivel. Los norteamericanos saben que su economía es mayor y más sofisticada que la china, y que cuentan con un alcance militar global. Además, Washington es partidario de forzar a China a aceptar a Japón y la Unión Europea como convidados en la mesa de discusiones.  

¿Será el G-3 (EEUU, China y UE) el grupo de transición para la definitiva formación de un gobierno mundial chino-americano? La Unión Europea se encuentra ante su última oportunidad para evitar convertirse en un asilo de ancianos. Descartado un deprimido Gordon Brown, el camaleónico Sarkozy y la impasible Angela Merkel tienen la responsabilidad de impulsar una UE fuerte a nivel internacional, a pesar de que el nombramiento de Van Roumpy indique justamente lo contrario. 31 diciembre 2009  

 


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