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Portada nº 1
Información General y Opinión
Sección General


JUNTA DIRECTIVA ESTATAL DE AGP


Radiografía de la profesión periodística

La consideración del periodista como un profesional liberal queda hoy como una visión romántica y alejada de la realidad. El periodista, a estas alturas, es un trabajador por cuenta ajena, afectado por todos los problemas del mundo del trabajo. Incluso cuando se reviste de los adjetivos de colaborador, independiente o free-lance, el periodista no pasa de ser un trabajador autónomo. Pero nunca un profesional liberal en el sentido que le quieren dar algunos.    

Consecuencia de todo ello es nuestra convicción de que los problemas profesionales de los periodistas tenemos que abordarlos esencialmente desde el marco de las relaciones laborales.   

Bien es cierto que en la problemática laboral que nos afecta inciden factores generales del mundo del trabajo asalariado y factores específicos de nuestra profesión.     

Si los periodistas españoles gozáramos de empleo estable y de calidad, bien retribuido, con una regulación clara y equilibrada de las vías de acceso a la profesión y de nuestros derechos y responsabilidades, probablemente no habríamos sentido la necesidad de escribir estas líneas.   

 

LA REALIDAD, HOY

Los periodistas españoles padecemos actualmente, desde el punto de vista meramente laboral, carencias en el marco normativo, en la estabilidad en el empleo y en la contratación.    

1.– Marco normativo. En la actualidad, únicamente la prensa periódica no diaria dispone de un convenio marco estatal. No hay convenio estatal en los demás sectores: prensa diaria y agencias informativas, radiodifusión privada, televisión privada, radiodifusión pública y televisión pública.   

En el caso de la prensa diaria, hace más de un año se logró la extensión de un convenio de empresa, el de El Norte de Castilla, a convenio estatal, como primer paso para negociar el acuerdo marco. Este año no lo hemos conseguido. Lo ha impedido el Gobierno Aznar, votando en contra en la Comisión Consultiva Nacional de Convenios Colectivos. En el subsector de la radiodifusión privada podríamos alcanzar esta misma solución. Nos quedarían dos lagunas: la televisión privada y la radio y la televisión públicas.  

Las relaciones laborales de los periodistas se rigen, en general, por convenios de empresa.    

2.– Los profesionales en ejercicio. Actualmente, los periodistas en ejercicio en España son cerca de 20.000. De ellos, más de 14.000 trabajan en medios de comunicación, unos 4.000 tienen empleo en gabinetes de comunicación públicos o privados, y alrededor de 1.000 son independientes o free-lances.    

3.– Precariedad laboral. Los periodistas españoles viven hoy una precariedad en el puesto de trabajo desconocida en sus inicios para quienes llevan más de dos decenios en ejercicio activo. El gran número de periodistas en paro, la falta de regulación en cuanto a las vías de acceso a la profesión y las trampas legales existentes permiten a la patronal contar con un ejército de periodistas dispuestos a firmar contratos temporales en condiciones leoninas.   

Se dan situaciones de abuso tales como el contrato de prestación de servicios como autónomos para profesionales que en la realidad cotidiana están realizando trabajo a jornada en una redacción. Delegaciones enteras de diarios estatales están formadas por periodistas contratados como autónomos.       

Mención aparte merece la situación de los corresponsales y los colaboradores, sistemáticamente excluidos de los convenios colectivos.       

También se da el caso del periodista que debe pagar de su propio bolsillo por trabajar para un medio, con la maquiavélica fórmula de la realización de "prácticas" como parte de un "master".     

Incluso en los medios públicos se vive hoy una situación precaria alejada de toda mesura. Así, hay redacciones de televisiones públicas en las que el 75 por cien de los periodistas tienen un contrato precario, temporal o de obra.     

4.– Paro. La proliferación de facultades de Periodismo y el acceso a la profesión por diversas vías ha descompensado, lamentablemente sin solución, la oferta y la demanda de puestos de trabajo. Se calcula que dentro de cinco años habrá dos periodistas parados por cada uno que tenga un puesto de trabajo.      

5.– Retribución de los periodistas. La deficiente regulación por convenio colectivo de las relaciones laborales y la precariedad laboral propician un mercado a la baja en cuanto a retribuciones salariales. La normativa actual y el marco de convenios colectivos en que nos movemos permiten la retribución de un periodista con el salario mínimo interprofesional, fijado para el año 2000 en 70.680 pesetas brutas mensuales.            

6.– Precariedad y profesionalidad. La precariedad laboral facilita el control ideológico de los profesionales. Ante la debilidad de la relación contractual, el periodista puede verse forzado, y de hecho se ve forzado, a escribir al dictado, bajo presiones políticas y económicas. El periodista termina por convertirse en un periférico más del ordenador con el que trabaja. Los criterios profesionales y los derechos y deberes éticos de los periodistas son pisoteados cada día en la antesala de la redacción.       

7.– Producto informativo y audiencia. El producto informativo que se traslada al ciudadano se resiente, pierde calidad y es fácilmente manipulado desde los criterios políticos y económicos dominantes. El ciudadano no recibe información, sino desinformación y manipulación.         

 

OBJETIVOS BÁSICOS

Ante la realidad descrita, AGP tiene que continuar trabajando, con criterios profesionales y sindicales, en pos de los siguientes objetivos:    

* Acceso a la profesión. Sin caer en viejos conceptos como el del intrusismo profesional, AGP defenderá la profesionalidad por encima del criterio de libertad absoluta en la contratación que rige actualmente.    

Precariedad. AGP lucha contra la precariedad laboral promoviendo el establecimiento, por convenio colectivo, de una relación adecuada en cada redacción en la proporción de periodistas fijos y de periodistas colaboradores. En este sentido, defendemos que cada redacción pueda disponer de dos periodistas con contrato temporal por cada ocho fijos.       

* Retribuciones. AGP defiende el establecimiento en todos los convenios de medios de comunicación de un salario base mínimo para los periodistas equivalente a 2'5 veces el salario mínimo interprofesional. Para 1999 esta propuesta comportaba un salario mínimo de 173.175 pesetas brutas mensuales. Además de garantizar una retribución justa para el periodista, el establecimiento de un salario mínimo para la profesión deberá conducir a fomentar la contratación de profesionales cualificados.     

* Corresponsales y colaboradores. Inclusión en convenio colectivo de colaboradores y corresponsales con contrato de autónomos.        

* Becarios y periodistas en prácticas. Las empresas deberán respetar los objetivos formativos que tienen la concesión de becas y la realización de prácticas. Los becarios y los contratados en prácticas no podrán ocupar puestos de plantilla reservados a periodistas profesionales. Se persigue, así, la defensa conjunta de los intereses laborales, profesionales y económicos de todos los colectivos.        

* Estatutos de Redacción. Los estatutos de Redacción se aprobarán en las mesas de negociación colectiva y se incluirán como parte de los convenios. De este modo, se tratará de garantizar que tengan fuerza normativa y que no sean una mera manifestación de voluntad.       

* Definición de funciones. Los convenios colectivos definirán las funciones del periodista, de modo que su profesionalidad quede salvaguardada ante la automatización y ante la inclusión de nuevas tecnologías en el proceso productivo de la información. Se promoverán sistemas organizativos que eviten que el periodista sea un periférico más del ordenador.      

A estas alturas del fin de siglo y de milenio puede resultar chocante tener que defender a los periodistas de viejas prácticas que los ciudadanos pensarían que están abandonadas, cuando realmente no es así. La profesión periodística se ha ido deteriorando a pasos agigantados. Los editores han disimulado, a su mejor provecho, el agujero normativo. Y el desprecio por la profesionalidad y la buena praxis es cada día más patente.       

Hoy, en un viaje por el túnel del tiempo, de regreso a los años heroicos, tenemos que reclamar nuevamente respeto para nuestra profesión y recordar que la esclavitud quedó legalmente abolida hace ya muchísimos años.      

 


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